El tras-altar

A finales del siglo XVII, José Guerrero Chavarino, I Conde de Buenavista, reedificó la Iglesia, como ya quedó dicho, y amplió la cabecera del presbiterio, con un cuerpo a modo de torre donde construyó un espacio celestial, para la exaltación mariana (el camarín), otro terrenal funerario, (panteón familiar) y un cuerpo intermedio, (escalera y sagrario). En todos ellos las esculturas adquieren gran protagonismo y todo el programa iconográfico así como sus elementos ornamentales están realizados en yeso.

No hay documentación sobre los escultores y tallistas que realizaron la obra, al parecer el arquitecto director, Felipe de Unzurrunzaga, los contrató en Madrid, aunque no se descarta la posibilidad de que fueran frailes de la Orden.

La obra, del camarín-torre, se termina en el 1703.