La procesión de Santa María de la Victoria en 1891

Artículo escrito por D. Andrés Camino, Doctor en Historia. (Publicado en El Diario Sur, 2019)

En la Málaga del últimotercio del siglo XIX -exactamente en el año 1875- se creaba la Hermandad de Santa María de la Victoria con objeto de “fomentar en esta ciudad el culto de la Reina de los Ángeles, María Santísima, bajo la gloriosa advocación de la Victoria”. Desde esa fecha y hasta 1939, la novena solía celebrarse del 7 al 15 de septiembre en su santuario, siendo el primer celebrante conocido Federico González, capellán de la iglesia de la Santísima Trinidad. A partir de 1940, la novena ya se realizaba en la Catedral -incluidos los años de la II República y los posteriores a la conclusión de la Guerra Civil (de 1932 a 1938)- y no sería, sin embargo, hasta 1956 cuando la celebración de los nueve días de culto se fijase definitivamente desde finales de agosto hasta el 7 de septiembre, víspera de su festividad -como hoy día se mantiene-, correspondiéndole predicar en esa ocasión al Padre Ruiz Ayucar, de la Compañía de Jesús.

Imagen de la Virgen de la Victoria en s.XIX

Con respecto a las actuales procesiones no son ni se parecen a las de finales del período decimonónico. Éstas tenían lugar el domingo de septiembre posterior al de su fiesta y durante una breve etapa la comitiva procesional solo llegaba a la plaza de la Merced, así se estipulaba tanto en los Estatutos  aprobados por el obispo Esteban José Pérez y Martínez en 1875 como en los renovados en 1882, ya bajo la mitra de Manuel Gómez Salazar Lucio-Villegas. No obstante, esta práctica fue alterándose con el paso del tiempo en cuanto a las fechas de las salidas y a los recorridos que se extendieron a las calles más céntricas de la ciudad.

En estas líneas se trata, pues, de la procesión que organizó la Hermandad de la Victoria en 1891, la cual seguía el patrón establecido, es decir, alcanzar el lugar o enclave donde estaba erigida la parroquia de Nuestra Señora de la Merced -hoy día desaparecida-, cuya iglesia auxiliar era el templo victoriano. El periódico “La Unión Mercantil” -el diario local de referencia que, por entonces, se editaba en Málaga- anunciaba el 20 de septiembre, el mismo día de la salida de la Virgen, que partiría del templo a la tardía hora de las ocho de la noche y recorrería las calles Alfonso XII y Victoria, y cuando alcanzara la plaza de la Merced daría una vuelta y retornaría por las citadas vías urbanas.

En la edición del periódico se informaba, además, que el Ayuntamiento había invitado a los miembros de la redacción de “La Unión Mercantil” a participar en la procesión. Se decía, igualmente, que la junta directiva de la Hermandad de la Victoria que, por este tiempo, estaba presidida por Ramón Ibáñez Ibáñez, había decidido entregar cirios solo a personas responsables para llevarlos. Este acuerdo se tomaba, según el citado periódico, para “evitar que individuos, no por devoción sino por pasar el rato, se apoderen de velas con las cuales hacen todo menos prestar brillantez a la manifestación religiosa”. La noticia finalizaba remarcando que “la libertad de creencias que respetamos, no implica la ofensa á culto alguno y por consiguiente el que vaya á una procesión debe hacerlo con la compostura debida”.

Como era ya costumbre, los miembros del Cabildo municipal asistirían a la procesión de la Virgen de la Victoria, quedando reunidos todos los concejales en la casa capitular -en esta época ubicada en el antiguo convento de San Agustín, anejo a la iglesia de igual nombre-, a las siete y media de la tarde para, posteriormente,  desplazarse hasta el santuario, del que arrancaría el desfile procesional a las ocho. La hora de la cita les permitiría a los ediles asistir a la corrida de seis novillos pertenecientes a la ganadería de José Torres de la Cortina, prevista a las cuatro de la tarde en el coso de la Malagueta. En el espectáculo taurino participarían afamados espadas, picadores y banderilleros.

Efectivamente, la procesión de Nuestra Señora de la Victoria se iniciaba a las ocho de la noche a tenor de lo acordado. La comitiva estaba formada por una sección de la Guardia Civil a caballo y, seguidamente, marchaba la Banda de Bomberos. Después un estandarte precedía las andas procesionales de San Francisco de Paula, al que acompañaban marinos del barco Salamandra. Detrás el trono de la Patrona, el clero parroquial y luego las representaciones civiles, con el alcalde y concejales, y el gobernador civil de la Provincia. Cerraba el desfile un piquete de Cazadores de Cuba con la banda de música.

“La Unión Mercantil” informaba al día siguiente que, por fortuna, no se registró ningún incidente y que la procesión regresó al santuario a las once de la noche. Destacaba, asimismo, que durante todo el trayecto “hubo un gentío inmenso”, en la plaza de la Victoria, con tanta aglomeración de público que “faltó poco para que concurrieran algunas desgracias” y en la plaza de la Merced el tranvía número 19 “llegó a todo correr cuando mayor era la aglomeración de gente promoviendo grandes protestas”. Con estas últimas líneas el lector podrá imaginarse la devoción que antaño la Virgen de la Victoria despertaba en el pueblo malagueño y cómo el entusiasmo se apoderaba del público para presenciar su procesión en la calle. 

Para terminar, hay que señalar que la junta de gobierno de la Real Hermandad de Santa María de la Victoria que, desde el año 2018, preside Miguel Orellana Ramos, ha decidido incorporar al cortejo un cuerpo de velas que irá inmediatamente después de las representaciones de las cofradías y hermandades participantes en la procesión de la Virgen. Esta novedad tiene una base histórica, dado que, como se ha visto, en las procesiones de la centuria decimonónica participaba dicha sección.

La procesión de Santa María de la Victoria en 1891
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